Octubre fue un mes nefasto para los
mercados accionarios y las monedas en todo el mundo. Las principales bolsas de
los países desarrollados y emergentes se tiñeron de rojo, y el nerviosismo se
apoderó de los inversionistas internacionales ante las crecientes
preocupaciones por una desaceleración global, la intensificación de la guerra
comercial y la menor liquidez mundial.
El aumento de las tasas de interés que
decretaron la Reserva Federal y los principales bancos centrales –después de
casi una década de tasas bajas– está causando un reacomodamiento de los
portafolios a nivel mundial, lo cual ha implicado la salida de capitales desde
países emergentes hacia activos considerados más seguros como el tesoro
estadounidense, el oro y el dolar. Como consecuencia de
estos factores, la divisa estadounidense se ha fortalecido y el resto de
monedas del mundo han perdido valor, incluidas las emergentes como la lira
turca, el peso argentino o el real brasileño.
Si la tasa de cambio se mantiene en los niveles
actuales podría comenzar a tener efectos sobre la inflación de bienes
transables y alimentos, obligando a la Junta Directiva del Banco de la
República a comenzar a elevar sus tasas de interés antes de lo esperado.
Colombia, que había estado
relativamente blindada ante este cambio en las condiciones de liquidez global,
se vio fuertemente impactada en las últimas semanas. El dólar rompió la barrera
de los 3.200 pesos, valor que no alcanzaba desde marzo de 2016, y el peso se
convirtió en una de las monedas más golpeadas del mes con una devaluación del 8
por ciento.
Una de las razones principales es la
corrección en el precio internacional del petróleo, el factor que ha protegido
y blindado al país de impactos mayores. En el último mes, el Brent se
desvalorizó más del 14 por ciento al pasar desde sus máximos de principios de
octubre de 85 a 73 dólares por barril. Todo ello por las perspectivas de una
menor demanda de crudo por la desaceleración de China y la creciente
oferta de países como Estados Unidos, Rusia y la propia Arabia Saudita.
Además, se juntaron factores locales
como el anuncio del Banco de la República de comprar dólares y la salida del
mercado accionario de Harbor, el fondo de inversiones internacional, que
aumentó la demanda local por la divisa norteamericana.
Es loable la intención del Emisor de
acumular reservas internacionales ante la eventual disminución de la línea de
crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero los analistas coindicen
en que lo decidió en el momento menos adecuado y que le puso un ‘piso’
psicológico al dólar. Por su parte, la salida de Harbor no solo produjo que el
principal índice de la Bolsa de Valores de Colombia, el Colcap, cayera cerca
del 8 por ciento en octubre, sino que algunas acciones se desplomaran a doble
dígito.
¿Para dónde va el
dólar?
Sobre la tasa de cambio inciden
infinidad y diversidad de factores y de ahí que sea una de las variables más
difíciles de proyectar. Nadie tiene una bola de cristal, pero todos se
preguntan para dónde va el dólar. Si bien la situación de octubre no se ha
calmado y se estima que la volatilidad continuará, el mercado parece apostarle
a la estabilidad y a que la tasa de cambio disminuya en el corto plazo.
La encuesta de expectativas del
Citibank, entre más de 25 analistas nacionales e internacionales, muestra que
la tasa de cambio terminará este año alrededor de los 3.024 pesos por dólar. La
principal razón es que, si bien el precio del petróleo tuvo una corrección
durante octubre, sigue en niveles elevados.
No obstante, muchos analistas han
comenzado a revisar sus pronósticos. Para el próximo año hacen las estimaciones
más disímiles entre quienes piensan que la tasa de cambio llegará a máximos
históricos cercanos a 3.500 pesos hasta quienes afirman que debe volver por
debajo de los 3.000 pesos por dólar.
Felipe Campos, director de
Investigaciones Económicas de Alianza Valores, estima
que la volatilidad de la
tasa de cambio continuará y que podría alcanzar niveles de 3.450 pesos en los
próximos seis meses, lo que no se ve desde febrero de 2016, ante el fin del
ciclo del dinero barato. “Va a llegar el punto en el que haya suficientes
señales de que Estados Unidos entrará en recesión, y aquí la opción obvia para
los administradores de portafolio será dólares y bonos del Tesoro
norteamericano”. A pesar de que Estados Unidos luce hoy fuerte, cada vez más
analistas ven una recesión de la economía norteamericana hacia 2020 o antes.
Por su parte, Diego Camacho, director
de Investigaciones de Ultraserfinco, afirma que, si bien el dólar seguirá
volátil, en caso de una recesión moderada el apetito por emergentes volverá
pronto. “Si hay una recesión, los países tendrán que ajustar sus niveles de
gasto y aumentar sus tasas de interés, lo cual hará que los capitales regresen
y la tasa de cambio se ajuste”. Por esto, para Camacho y otros analistas, la
tasa de cambio más consistente con las condiciones de la economía, la llegada
de remesas y, en general, los elementos estructurales de la cuenta corriente
está más por el orden de los 3.000 pesos.
El gran impacto
Los expertos consideran que una tasa
de cambio que alcance temporalmente 3.200 pesos por dólar no es preocupante.
Pero creen que si se estabiliza en estos niveles, sí comenzará a tener efectos
sobre la inflación y las determinaciones del Banco de la República. Un
incremento sostenido de 100 pesos en la tasa de cambio puede tener un impacto
en la inflación de entre 50 y 70 puntos básicos, afirma Julián Cárdenas,
analista sénior de Portafolios de Protección.
Con esto y factores como el aumento
del IVA a la canasta familiar –algunos bienes darán un salto del 0 al 18 por
ciento– y una eventual alza extraordinaria del salario mínimo, la inflación que
hoy está en alrededor del 3,3 por ciento podría treparse a niveles del 4 por
ciento y salirse del rango meta.
Más allá del impacto sobre bienes
transables, los durables, ropa y tecnología, hay que recordar que el 30 por
ciento de los alimentos hoy vienen del exterior, así como buena parte de los
insumos del campo. Con esto, el Emisor podría verse forzado a comenzar a subir
las tasas de interés antes de lo previsto, lo cual tendría un efecto sobre el
crecimiento y frenar la recuperación de la economía.
Y es que un dólar fuerte es bueno
hasta cierto punto. Por ejemplo, si bien para los exportadores significa un
mayor ingreso en pesos, también aumenta el costo de los insumos importados por
lo que no hay ganancias en competitividad. Para Alejandro Reyes, economista principal
de BBVA Colombia, el problema consiste en que en esta parte del año son más
relevantes las importaciones por la demanda de fin de año de vehículos, ropa y
alimentos. De la misma manera, si bien el dólar fuerte en principio puede
resultar un alivio para las finanzas públicas, a largo plazo significa un
incremento en el costo y servicio de la deuda en dólares. Y no solo para el
gobierno, sino para las empresas. Así como facilita la llegada de turistas
extranjeros, encarece la posibilidad de que los colombianos, empobrecidos en
dólares, viajen al exterior.
El aumento del dólar y la caída de la
bolsa recuerdan que las mayores fuentes de riesgo del país siguen estando hoy a
nivel internacional, y que Colombia debe prepararse para un escenario mundial
más adverso en el futuro. De ahí, la importancia no solo de la Ley de
Financiamiento, sino de realizar un ajuste serio y estructural del gasto
público. Mientras mayor sea la indisciplina fiscal, mayor será la
vulnerabilidad de la economía nacional.
Los analistas parecen cada vez más
preocupados por la capacidad del nuevo gobierno para sacar adelante las
reformas que requiere el país. Les angustia el gran desgaste político que ha
sufrido sin haber cumplido ni siquiera los 100 días. Y si bien el mercado asume
que la Ley de Financiamiento va a pasar con lo justo –lo contrario pondría en
riesgo la calificación de riesgo soberano del país–, se preguntan por la
fortaleza para sacar adelante el paquete de reformas: la pensional, la
formalización laboral y hasta la de la justicia que le da seguridad jurídica a
la inversión. Sentencian que si no hace la tarea a las buenas, el mundo la hará
hacer más adelante por las malas. Y que los colombianos lo pagarán con un dólar
por las nubes.